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La citricultura cerró la última zafra con una reducción en los volúmenes cosechados, debido a las heladas de julio, pero lejos de configurar un escenario de estancamiento, se proyectan varios años consecutivos de crecimiento de la producción.

El presidente de la Unión de Productores Exportadores de Frutas del Uruguay (UPEFRUY), Washington Guarino, explicó que la zafra transcurría “muy bien hasta el 24 de junio, que fue la fecha de la helada, y de ahí para adelante se complicó un poco más la zafra, porque hubo zonas que pegó más y zonas que pegó menos”.

De acuerdo con el empresario, el daño no fue inmediato ni homogéneo. “A medida que fueron pasando los días, la helada fue quemando más la fruta, sobre todo en las últimas variedades”, lo que afectó particularmente el tramo final de la zafra, entre julio y setiembre, un período clave para el cierre comercial. Aun así, Guarino subrayó que el resultado general fue manejable: “En general fue una zafra bastante ordenada, con menos volumen, sí, bajamos el volumen, pero sin desajustes importantes”.

Resultados productivos

Los registros oficiales del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, a través de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias (DIEA), confirman ese diagnóstico. Para la zafra 2025, la producción citrícola total fue estimada en 274.399 toneladas, sumando las cuatro especies relevadas.

La naranja volvió a posicionarse como el principal rubro, con 116.269 toneladas, equivalentes al 42% del total nacional. Le siguieron el limón, con 80.479 toneladas (29%), y la mandarina, con 77.156 toneladas (28%). El pomelo mantuvo una presencia marginal, con 495 toneladas. En términos de superficie, el área citrícola se estimó en 13.294 hectáreas, encabezadas por la mandarina, que concentró el 42% del total con 5.579 hectáreas.

Los rendimientos promedio mostraron diferencias significativas entre especies. El limón se destacó con 29,9 toneladas por hectárea, mientras que la naranja alcanzó 23,4 t/ha y la mandarina 13,8 t/ha. Para Guarino, estos indicadores confirman que “la baja que tuvimos no responde a un problema estructural, sino a un evento climático puntual, y eso es clave para entender lo que viene”, afirmó.

Un ciclo de expansión

Más allá del resultado inmediato, la citricultura mira hacia adelante con expectativas de crecimiento sostenido. Guarino sostuvo que “ahora, ya en 2026, recuperamos otra vez los volúmenes y no pensamos bajar hacia adelante”, anticipando un cambio de tendencia a partir de la próxima campaña.

El principal motor de esa expansión es el proceso de reconversión productiva desarrollado en los últimos años, que incluye recambio varietal, cambios de copa y nuevas plantaciones. “Todo ese proceso hizo que este año bajáramos, pero ahora los árboles están más grandes y eso va a levantar el volumen en todas las empresas”, explicó el presidente de UPEFRUY.

Las proyecciones del sector para el período 2026-2029 apuntan a un aumento sostenido de la producción, “si no pasa nada raro, esto va a crecer mucho”, afirmó Guarino.

 

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