
Se presentaron este martes los resultados finales del Censo General Agropecuario 2024 en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, instancia en la que se confirmó una desaceleración en el proceso de despoblamiento rural, junto con una disminución en el número de explotaciones de menor escala.
El ingeniero agrónomo Pablo Couto destacó que “tener esta información es fundamental para la toma de decisiones. Eso es lo más relevante de los censos agropecuarios”, afirmó, subrayando el valor del relevamiento como insumo para el diseño de políticas públicas, inversiones y estrategias productivas.
El estudio, que se realiza con una periodicidad de diez años, permite observar tendencias estructurales del medio rural. Entre los principales resultados, se confirmó la continuidad en la reducción de la población rural, aunque con menor intensidad que en períodos anteriores.
“Esa disminución de población rural o de trabajadores rurales tuvo una desaceleración”, señaló Couto, marcando un cambio en la dinámica respecto a mediciones previas.
En términos de estructura productiva, el número de explotaciones agropecuarias registró una caída del 6%, lo que representa cerca de 3.000 establecimientos menos. Si bien se trata de una reducción relevante, se ubica por debajo de descensos anteriores que habían alcanzado niveles cercanos al 20%. En paralelo, la mano de obra rural también mostró una contracción, estimada en unas 6.000 personas, aunque con menor impacto relativo que en censos anteriores.
El análisis de la composición del empleo rural evidencia diferencias por género. La reducción se concentra mayormente en los trabajadores masculinos, mientras que en el caso de las mujeres el descenso es más moderado. Según se informó, la caída en hombres ronda las 6.000 personas, frente a una disminución cercana a 1.500 en el caso de las mujeres.
En relación a las causas del fenómeno migratorio, Couto explicó que responden principalmente a factores vinculados a la calidad de vida y el acceso a servicios. “Por un tema de acceso a los servicios o a determinada calidad de vida que la gente hoy exige, tenemos ese éxodo hacia las ciudades”, indicó.
Desde el punto de vista productivo, el stock bovino mostró un incremento leve, del orden de las 300.000 cabezas. En contraste, la lechería registró una reducción en superficie y número de animales, aunque acompañada por una mejora significativa en los niveles de productividad. “Pasamos de 4.000 a 5.800 litros por vaca masa, con un aumento de 500 millones de litros de leche”, precisó.
En cuanto al uso del suelo, el área total se mantiene prácticamente estable en torno a las 16.150.000 hectáreas. Sin embargo, se observa una reducción de aproximadamente 600.000 hectáreas de campo natural, mientras que el bosque nativo aumenta hasta alcanzar las 776.000 hectáreas, en parte por mejoras en los sistemas de medición mediante imágenes satelitales.
Otro de los aspectos estructurales que confirma el censo es la concentración de la tierra. “todas las explotaciones de menos de 2.500 hectáreas pierden superficie que es absorbida por las de más de 5.000 hectáreas”, explicó el técnico, evidenciando un proceso sostenido de reconfiguración del uso del suelo.
La mayor pérdida de superficie se registra en los estratos de menor tamaño, especialmente en explotaciones por debajo de las mil hectáreas, mientras que los establecimientos de mayor escala presentan una reducción más acotada. “Es una realidad que se viene dando históricamente, donde las tierras de pequeñas explotaciones son absorbidas por empresas de mayor tamaño”, concluyó Couto.


